miércoles, 20 de junio de 2007

La lucha de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada


Tomado de Anncol

La lucha de los pueblos indígenas se remontan a la llegada del invasor español a tierra colombiana. Hoy, igual que entonces, los pueblos indígenas soportan a un nuevo invasor: los narco-paracos. Quienes desean avariciosamente sus tierras por su riqueza y por su posicionamiento geo-estratégico. El gobierno de Álvaro Uribe es el que más indígenas ha asesinado de todos los gobiernos oligárquicos, escribe José María Carbonell.

Por José María Carbonell, ANNCOL

Los pueblos indígenas han luchado desde la invasión española. Sus costumbres, su cultura, y su cosmología casi es destruída por el invasor europeo a sangre y fuego, con la espada y la cruz. El arrasamiento conllevó a la desaparición de muchos pueblos indígenas y en total se considera que fueron muertos 50 millones de nativos americanos desde 1492 hasta la expulsión del español de suelo americano.

Los indígenas de Santa Marta recibieron al español con la mayor hospitalidad, con ofrendas de comidas y joyas de oro, y tal acto recibió como contraprestación el asesinato por cuanto el europeo iba tras el oro, la plata y todas nuestras riquezas. La leyenda del ‘Dorado’ inyectó la imaginación de los conquistadores españoles –la mayoría de ellos sacados de las cárceles para que prestaran tal ‘servicio’ a los Reyes de España- y su paso hacia el centro de lo que hoy es Colombia estuvo signada por el derramamiento de sangre.





655 indígenas han sido asesinados en la Sierra desde 1982, 434 durante el gobierno de Uribe Vélez.

Ante tales tropelías los indígenas de Santa Marta, en especial Bondiguas, Mendiguacas, etc, se unificaron y enfrentaron al malsano invasor español. En estos combates mordieron por primera vez el polvo los invasores en territorio colombiano. En su accionar los indígenas quemaron sus cosechas para impedir que estas llegaran a manos del enemigo.

Los indígenas que sobrevivieron a las tropelías del invasor español hasta inicios de 1800, se vieron obligados a remontarse a la montaña, a la Sierra Nevada de Santa Marta, la cual se convirtió en refugio no sólo de los indígenas sino también de los negros esclavos que se escapaban de la esclavitud a que fueron sometidos por los españoles que los ‘cazaban’ en su África nativa. Fueron los llamados ‘palenques’ y de allí se fue produciendo en algunos casos el zambaje, el cual fue produciendo manifestaciones culturales como la cumbia y el vallenato.

Sobrevivieron cuatro etnias: Los Koggis, los Wiwas o Arzarios, los ijkas o arhuacos y los kankuamos, estos últimos sufrieron más profundamente el proceso de aculturarción que monjas y sacerdotes españoles adelantaron contra ellos. De las cuatro etnias, los Koggi han sido los más renuentes a la influencia de ‘los blancos’.

Los indígenas han sufrido durante el pasado siglo, la violencia ejercida por terratenientes y ricos que codiciaban –y codician- sus tierras, y de colonos que fueron desplazados durante el período que en Colombia es llamada ‘La Violencia’ y encontraron en las montañas milenarias refugio. Entre estas familias que han despojado a los indígenas tenemos que mencionar la familia Castro, uno de cuyos herederos ha adelantado una invasión narco-paramilitar con el fin de apropiarse de sus tierras.

¿Por qué es codiciada la Sierra Nevada de Santa Marta? La Sierra Nevada es una estructura geológica diferente a Los Andes y tiene aproximadamente entre 250 y 300 mil hectáreas. Poseé todos los pisos térmicos, que conllevan a que en la Sierra se pueden disfrutar diferentes climas. Además, es origen en sus páramos de los ríos que riegan las tierras bajas en las tres caras que tiene la Sierra Nevada.

Por ello, los grandes terratenientes, convertidos en clase política, han pretendido apoderarse de las tierras de los indígenas y de los colonos que la habitan en sus estribaciones. Primero utilizaban para ello a las propias fuerzas militares, pero desde mediados de la década de los 70 han utilizado las bandas narco-paramilitares, al servicio de ellos.

En los últimos años los pueblos indígenas han tenido que soportar el terror narco-paramilitar. Este ha sido enfrentado por la guerrilla de las FARC, primero contra los narcotraficantes de la marijuana y desde los años 80 por las bandas narco-paramilitares propiamente dichas.

Ante la incapacidad de poder vencer las fuerzas guerrilleras, aplicando la foránea Doctrina de Seguridad Nacional proceden además a tratar de ‘secarle el agua al pez’, es decir, aterrorizar a la población civil, para que no brinde apoyo a las fuerzas guerrilleras.

El estado ha apostado a apoyar una de las etnias, la de mayor población, los arhuacos, y a ellos han sido destinados recursos, capacitación, etc. Todo con el objetivo de dividir a los pueblos indígenas y continuar horadando sus tradiciones y su cultura. Un ejemplo patente de ello es la entrega que el gobernador narco-paramilitar del departamento del Magdalena, Trino Luna Correa, hoy preso por narco-paraco, a los arhuacos de la Casa Indígena de Santa Marta a pesar de que en el Magdalena prácticamente no hay pueblos arhuacos. Entre tanto, las otras etnias sufren el acoso y el terror de las bandas narco-paramilitares.

Así desde 1982 hasta el 2006 han sido asesinados 342 personas pertenecientes a la etnia kankuama, 280 wiwas o arzarios, 24 arhuacos y 9 koggis.

De igual manera, las hordas asesinas del capo narco-paramilitar Hernán Giraldo moviliza a ciertos indígenas que han sido asentados en el territorio que él controla en la Sierra Nevada –desde Santa Marta hasta Palomino en la Guajira, zona única en la Sierra en donde se cultiva amapola-, para mostrarlo como ‘el bienhechor’ de las comunidades y no como el asesino que es.

En Suecia una representante de la etnia arhuaca recibe el premio de derechos humanos de la Fundación Anna Lindh, el cual consiste en el reconocimiento internacional y la suma líquida de 250.000 coronas. Sin demeritar la labor que dicha representante haya podido –o no- desarrollar, surgen muchas preguntas: ¿Fue otorgado este premio a la persona o a la comunidad? ¿El dinero del premio –una gran cantidad de pesos colombianos (35.000 dólares aproximadamente, que al cambio de hoy representan más de 70 millones de pesos colombianos), será utilizado en proyectos de beneficio de las 4 etnias de indígenas de la Sierra Nevada, o será sólo utilizado para proyectos de los arhuacos? ¿El dinero del premio será para el enriquecimiento de la persona que lo recibe?

Es preocupante además, desafortunadas por decir lo menos, las declaraciones que la persona que recibe el premio –Leonor Zalabata Torres- dio a la prensa sueca del siguiente tenor: “Yo creo que el gobierno de turno desea apostar por una política de paz, que ellos encontrarán inspiración en los pueblos indígenas. Nosotros no dedicamos largo tiempo a hablar de paz, sino que ejercemos la paz”, dijo Leonor Zalabata Torres al periódico sueco Dagens Nyheter.

Nada más lejos de la realidad. El gobierno de turno –el de Álvaro Uribe Vélez- nunca ha tenido el más mínimo deseo por la Paz en Colombia. Su política ha sido de guerra, precisamente todo lo contrario a lo que los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta han pregonado y luchado. Es más, los pueblos indígenas son víctimas de esa política de guerra del narco-para-presidente Álvaro Uribe Vélez.

Precisamente más de 234 kankuamos y 200 wiwas han sido asesinados por las políticas de guerra adelantadas durante la administración de Álvaro Uribe Vélez. Para ello gastan 19 millones de dólares diarios en la guerra contra el pueblo colombiano, en tanto mueren niños por desnutrición, mueren niños en los ‘paseos de la muerte’ por falta de atención en hospitales y clínicas, en tanto cierra hospitales y recorta el presupuesto para la educación.

Además, los grupos narco-paramilitares se han apoderado de 6,4 millones de hectáreas en toda Colombia. ¿Cuántas de éstas eran propiedad de los indígenas? ¿Cuántas han sido devueltas a sus dueños? Porque que yo sepa, el Incoder lo que ha hecho es legalizar la expoliación entregándoles títulos de propiedad a los capos narco-paramilitares para que adelanten los megaproyectos de cultivo de palma africana, detrás de los cuales está el propio presidente Álvaro Uribe Vélez.

A pesar de todo, sabemos de la íntima disposición de los pueblos indígenas de continuar su lucha por su unidad, en defensa de su cultura y sus tradiciones y contra las políticas nefastas de la oligarquía colombiana, por orden del imperio estadounidense, que lesiona y masacra por igual a indígenas y no indígenas en Colombia. Hoy como ayer los enemigos del pueblo serán vencidos.
Columnistas
18.06.2007
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